Elementos para un sistema de indicadores de igualdad de género y salud

http://www.paho.org/Spanish/AD/GE/guia_equidad.pdf

Las dimensiones analíticas de la igualdad de género en salud

Para propósitos de análisis se distinguen las siguientes dimensiones de igualdad de género:

- el estado de salud y sus determinantes socioeconómicos;

- la atención de la salud, no solo como uno de los determinantes de la salud sino, también, como sustancia básica de las políticas de este sector, y

- los procesos formales e informales de gestión de la salud.

En cuanto al estado de salud, la igualdad de género se traduce, no en tasas iguales de mortalidad o morbilidad, sino en niveles de salud y bienestar comparables entre mujeres y hombres. Dada la diferencia de denominadores sobre necesidades de salud para mujeres y hombres ,no es siempre factible hacer comparaciones entre los sexos con respecto a condiciones particulares. En consecuencia, el parámetro de comparación para evaluar igualdad y equidad no sería solamente el sexo opuesto, sino los niveles de salud alcanzados por el mismo sexo dentro de los grupos de mayor privilegio social en contextos específicos. En relación con los determinantes socioeconómicos, la igualdad de género significa igualdad de oportunidades en el acceso y control sobre los recursos que hacen posible el ejercicio del derecho a la salud (alimento, vivienda, ambiente sano, educación, información, trabajo, remuneración, tecnologías, servicios, etc.).

En el ámbito de la atención de la salud, la equidad de género implica que:

-  Los recursos se asignen de acuerdo con las necesidades particulares de mujeres y hombres, resaltando dentro de este contexto, que las mujeres tienen necesidades de salud reproductiva asociadas con el embarazo y el parto que demandan recursos adicionales.

- Los servicios se reciban según las necesidades particulares de cada sexo, independientemente de la capacidad de pago.

- La carga financiera del cuidado de la salud se distribuya socialmente, según la capacidad económica de las personas, y no según los riesgos asociados con el sexo, la edad, las condiciones socioeconómicas y las condiciones “preexistentes” de salud.

En el área de la participación en la gestión de la salud, la equidad de género demanda un balance justo en la distribución por sexo del trabajo (remunerado y no remunerado), de las compensaciones asociadas con ese trabajo y del poder en la toma de decisiones.

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La estrategia de incorporación del enfoque de igualdad de género en salud incluye los siguientes componentes:

- Producción de evidencia sobre las desigualdades entre hombres y mujeres de distintos grupos socioeconómicos, respecto a:

< La división del trabajo y su correlato en términos de acceso y control sobre los recursos necesarios para promover, recuperar y mantener la salud (incluyendo recursos materiales, informativos, políticos, de servicios y de tiempo).

< Exposición diferencial a riesgos asociados con la división del trabajo.

< Necesidades en salud asociadas con las diferencias biológicas, la división sexual del trabajo y las relaciones de poder entre los sexos.

< Distribución de las responsabilidades y las compensaciones en la producción de salud, dentro de los niveles familiar, comunitario y del sistema formal

< Representación en la toma de decisiones sobre definición de prioridades y asignación de recursos —públicos y privados—necesarios para asegurar la salud.

< Diferencias en las respuestas sociales y políticas a las necesidades comunes a ambos sexos y a las exclusivas de uno de los sexos.

Guía para el análisis y el monitoreo de la equidad de género en las políticas de salud

http://www.paho.org/Spanish/AD/GE/guia_equidad.pdf

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c. Igualdad y equidad

Las nociones de igualdad y equidad que orientan la Política de Igualdad de Género de la OPS se articulan, como ya se mencionó, con una visiónde la salud como derecho humano, en la cual la igualdad aparece comoel fin y la equidad como un medio. La igualdad se asocia con principiosde no discriminación en cuanto al ejercicio de derechos, referidos en estecaso particular a la salud y sus determinantes y a la participación en eldesarrollo de la salud. La equidad, por su parte, se basa en principios de justicia social y se refiere a las intervenciones dirigidas a eliminar disparidade ssistemáticas, injustas y evitables entre grupos sociales —mujeres y hombres— respecto al nivel de salud, al acceso a recursos necesarios para su promoción, recuperación y mantenimiento —incluyendo pero no limitándosea la atención de la salud— y a la participación en los procesosde desarrollo de la salud.La noción de necesidad que fundamenta el concepto de equidad en la distribuciónde recursos implica que los recursos se asignen, no con criteriosde igualdad o paridad, sino de diferenciación, conforme a necesidad. Enconsecuencia, la rectificación de inequidades exige que el énfasis en lasasignaciones y las intervenciones privilegie a los grupos más necesitados.Las mujeres, particularmente las pobres y las pertenecientes a poblacionesexcluidas por razones étnicas, de conflicto civil o de desplazamientoforzado, constituyen uno de tales grupos.La comprensión de la igualdad de género a partir de los derechos humanoscomenzó con la Carta de Derechos Humanos de las NacionesUnidas, de 1945, que afirma la igualdad entre los sexos. Según dichaCarta, algunos de estos acuerdos imponen obligaciones a los gobiernossignatarios para promover la igualdad de género, a través de la promociónde la salud de la mujer y la eliminación de las barreras que obstaculizansu logro. 130 estados firmaron la Convención sobre la Eliminaciónde todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW) de1979, la cual incluye explícitamente los derechos a la atención de la saludy a la planificación familiar.La CEDAW fue más allá del principio inicial de no discriminación entrelos sexos, para hacer hincapié en el abordaje especial de la discriminacióncontra la mujer en terrenos específicos, dentrándose en la denominada“segunda generación” de los derechos: económicos, sociales y culturales.Es en esta segunda generación donde la atención de la salud se conceptualizacomo un derecho humano. Por ejemplo, el principio del “derechoa la vida” comprende el derecho a no morir en el parto por causa evitables.Este enfoque basado en derechos forma parte integral de las resolucionesde salud adoptadas en la Cuarta Conferencia Mundial sobre laMujer, celebrada en Beijing en 1995.Algunas de las características importantes del enfoque de derechos respectoa la igualdad de género en salud son las siguientes: Las desventajas en materia de salud que experimentan las mujeres son injusticias que infringen los derechos individuales y de grupo. El concepto de derecho a la salud va más allá de la prestación de los servicios, hacia una visión de la salud que incluye el empoderamiento y la participación social.h Aunque la adhesión a estos acuerdos internacionales haya sido voluntaria,los estados signatarios tienen la obligación de emprenderacciones positivas de acuerdo con los problemas que juzguen másapremiantes.

HACIA LA EQUIDAD EN SALUD: MONITORIZACIÓN DE LOS DETERMINANTES SOCIALES DE LA SALUD Y REDUCCIÓN DE LAS DESIGUALDADES EN SALUD

http://www.msps.es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/promocion/desigualdadSalud/PresidenciaUE_2010/conferenciaExpertos/docs/haciaLaEquidadEnSalud.pdf

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“Asimismo, es necesario reconocer las interacciones complejas entre género, sexo y otros estratificadores sociales. Por ejemplo, el efecto perjudicial de un estatus socioeconómico bajo sobre la salud de la mujer suele acompañarse de desigualdades de género (OMS,2009). Aunque la desagregación de datos en función del sexo es uno de los primeros pasos para el análisis de las desigualdades de género, no basta para comprender y documentar todos los determinantes sociales que contribuyen a las mismas (Rohlfs et al., 2007).

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El género a través de las divisiones de clase y de etnia

En Europa suele considerarse que el impacto del ESE en la salud es menor en las mujeres que en los hombres. De hecho, las mujeres europeas viven más tiempo, y las diferencias enesperanza de vida por ESE son, de media, de 8 años en las mujeres y de 14 años en los hombres. Sin embargo, en la UE las mujeres tienden a registrar un mayor riesgo de pobreza,especialmente en la vejez, y el riesgo relativo de muerte según ESE varía en mayor medida entre las mujeres que entre loshombres. Las mujeres suelen declarar un peor estado de salud a pesar de que registran tasas de mortalidad inferiores, reproduciendo así la pauta encontrada en el “efecto del migrante sano”. El impacto del ESE en la desigualdad de riesgos para la salud es superior en las mujeres en lo referido a la obesidad, la diabetes y la depresión, y menor en lo que respecta al tabaquismo, el cáncer de pulmón y el suicidio(Mackenbach, 2006). Las mujeres migrantes (en particular quienes están indocumentadas) y de minorías étnicas son particularmente vulnerables a las formas más extremas deexclusión social: discriminación laboral y de vivienda, violencia y abuso (Llacer et al., 2007; Thapa y Hauff, 2005). Otra similitud entre mujeres y migrantes es que sus condiciones de vida dependen tanto de su propia posición estructural como de la que ocupan sus maridos y familias, y aquéllas pueden haber variado considerablemente comoconsecuencia del matrimonio o de la migración. Ambos aspectos deberían ser objeto de investigación (Consejo deEuropa, 2008; Llacer et al., 2007; Borrell et al., 2004; Sean,Östlin y WGEKN, 2007; Mackenbach, 2006). Las mujeres migrantes de mayor edad son, por tanto, especialmente vulnerables debido tanto a que concentran múltiples factores de riesgo de exclusión social como la pobreza, el aislamiento social y la mala salud, como a su relativa invisibilidad en las estadísticas y en los resultados de investigación (Cangliano etal., 2009; AGE, 2008).

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El género en las desigualdades de clase y etnia

La creciente preocupación sobre los resultados en salud materno-infantil en los migrantes se ve reflejada en numerosos estudios en toda Europa. La identificación y gestión de los problemas relativos a la salud sexual y reproductiva exigen competencia cultural entre los proveedores de atención sanitaria, el desarrollo de iniciativas de prevención y promoción de la salud desarrolladas en colaboración con los grupos de población objetivo, y el uso e institucionalización de los mediadores culturales comunitarios. Las prácticas culturales y étnicas de salud sexual y reproductiva y las costumbres en determinado sgrupos de migrantes y minorías étnicas, en temas como los embarazos de adolescentes, la mutilación genital femenina,el aborto y el uso de anticonceptivos, pueden intensificar las DS asociadas al género y el conflicto con las comunidade smayoritarias y de acogida (OIM, 2009b; Comité de Expertos sobre Movilidad, migración y acceso a la atención sanitaria,2009; Consejo de Europa, 2008). Algunos investigadores einformes oficiales recomiendan que se equilibre el porcentajede mujeres profesionales y expertas sanitarias, de ESE bajo y procedentes de minorías étnicas, con el porcentaje de pacientes que pertenece a estos grupos de población, como una de las mejores estrategias para reducir las barreras culturales y de acceso, así como la discriminación y la infrautilización.

Observatorio de desigualdades en la salud

http://www.ods-ciberesp.es/component/option,com_jresearch/Itemid,292/layout,filtered/modelkey,tabular/task,filtered/view,publicationslist/

Salud y trabajo en una perspectiva de género

http://www.emakunde.euskadi.net/u72-foro2010/es/contenidos/informacion/foro2010_jornada/es_emakunde/adjuntos/ponencia_lucia_artazcoz_2010.ppt

 

La perspectiva de gènere a la investigació en salut

Link de origen: http://www.wikio.es/video/entrevista-lucia-artazcoz-4152826

Efectes de la sobrecàrrega de treball en les dones:

Limitacions cròniques de salut

Dormir un nº d’hores insuficient

Ansietat

Diferències en les manifestacions clíniques derivades del sexe que no són bé detectades pels professionals de la salut

Menor nº de proves rellevants per diagnosticar i tractar precoçment els infarts de miocardi

Major probabilitat de ser tractades amb psicofàrmacs per n mateix problema de salut.

Paper de l’APS en la detecció precoç en casos de violència de gènere

Mesures a nivell de treball remunerat

Riscos psicosocials: treballs més rutinaris, menys participatius

 

En tiempos de crisis la salud de las mujeres trabajadoras empeora más

Link original: http://www.gara.net/paperezkoa/20090302/124880/es/En-tiempos-crisis-salud-mujeres-trabajadoras-empeora-mas

GARA, 2 de marzo de 2009

La crisis golpeará más a las mujeres por la desigualdad que sufren en el mercado laboral, pero también empeorará la salud de las mismas, porque se verán abocadas a trabajar en cualquier trabajo y después en las tareas domésticas. Lucía Artazcoz propone que los políticos sitúen la cuestión de género en la legislación en materia laboral.

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Juanjo BASTERRA

LAB organizó en Bilbo una jornada, dentro del contexto previo a la celebración del 8 de Marzo, bajo el título «Euren Krisia…emakumeon borrokarako aukera!». La navarra Lucía Artazcoz, experta en prevención de riesgos laborales en todo lo que tenga que ver con el género, ofreció una charla bajo el título «en crisis, en un mundo globalizado, revisando los problemas de salud laboral en una perspectiva de género». A modo de conclusión explicó que este periodo de recesión económica repercutirá de forma más negativa entre las mujeres. Esta navarra, afincada en Catalunya, explicó que habrá un mayor abandono de las mujeres de los centros de trabajo; que las administraciones públicas recortarán el gasto social, con lo que «las mujeres seremos las más perjudicadas», y «la mujer se situará, de nuevo, en la economía doméstica, en donde la salud se verá perjudicada».

No obstante, la experta en prevención de riesgos laborales reconoció que la crisis provoca que «mujeres y hombres salgan a trabajar en lo que sea» y eso significa que habrá una pérdida en los derechos y condiciones laborales «porque tendemos a aceptar lo que sea y de eso se aprovechan los empresarios».

Lucía Artazcoz reclamó una necesaria «cooperación internacional para avanzar en la defensa de los derechos sociales y laborales de hombres y mujeres» y, además, reconoció que «se deben introducir la salud dentro de todas las políticas económicas, sociales, etc».

La experta en prevención de la Agència de Salut Pública de Barcelona reconoció que la cuestión de género es muy importante en materia de salud laboral y adelantó que los daños en la salud por la utilización de productos o por el trabajo físico «no son iguales en hombres que en las mujeres. El impacto es muy diferente». También recordó que las mujeres no sufren tantos accidentes en el trabajo, porque los puestos que ocupan no son los de más riesgo. Sin embargo, en las enfermedades profesionales la incidencia en la mujer es «bastante mayor».

Riesgos sicosociales, en alza

Consideró en la charla que se deben tener muy en cuenta los riesgos sicosociales y todo lo que tiene que ver con la hipertensión arterial, dado que las muertes por patologías cardiovasculares ocupan los puestos destacados de mortalidad en el trabajo dentro de la Unión Europea. «El impacto de una política de salud laboral específica para la mujer tiene que entrar en las agendas políticas, porque las desigualdades en las tareas son evidentes entre hombres y mujeres».

Recordó que las mujeres, que trabajan, también realizan más tareas domésticas. Todo eso influye de forma directa en la salud. Lucía Artazcoz explicó, tras un estudio realizado en Nafarroa, que se cuadruplica el mal estado de la salud entre las mujeres que trabajan en empresas y después en las tareas domésticas y se duplica el impacto de las que sufren trastornos sicosociales, pero se quintuplica el riesgo para la salud de las mujeres si realizan muchas horas de trabajo doméstico, una vez que ya se ha realizado otro trabajo fuera de la vivienda.

En ese estudio realizado en Nafarroa y en otros de Catalunya, Artazcoz señaló que la posición socioeconómica de la mujer también influye en la salud. Porque, según explicó, «una mujer menos cualificada lo que hace es aumentar el trabajo que dedica a la atención del trabajo doméstico, porque no tiene ingresos suficientes para descargar tarea con la contratación de otra persona. Esto de la carga de trabajo no ocurre ni en los hombres, ni en las mujeres con un trabajo cualificado».

Por eso, Lucía Artazcoz consideró que la estrategia de salud laboral en relación a la mujer debe pasar por avanzar en una reducción del trabajo doméstico. En este caso, también reconoció que el trabajo a tiempo parcial «no contribuye a reducir la desigualdad de género y, en cambio, la perpetúa, porque se liga ese modelo de contratación a la precariedad».

También se mostró contraria a elevar la jornada laboral, porque, además de que los estudios médicos han demostrado que es perjudicial, generaría un sobreesfuerzo añadido en la mujer. Lucía Artazcoz reconoció, sin embargo, que en estos tiempos de crisis las trabajadoras «son más vulnerables, y harán lo que les echen. Me preocupa».

Webcast Día de la Mujer Trabajadora – Lucía Artazcoz

Link original: http://profesional.medicinatv.com/webcast/muestra.asp?idfg=0&idwc=3095

Día de la Mujer Trabajadora 

La entrada de la mujer en el mercado de trabajo ha supuesto una serie de beneficios para su salud, pero al mismo tiempo las dificultades para conciliar la vida laboral y la familiar, así como la precariedad en el empleo y las mayores tasas de paro entre la población femenina, causan a la mujer trabajadora múltiples trastornos de tipo psicológico, como depresión o ansiedad. Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora el 8 de marzo la doctora Lucía Artazcoz explica las condiciones laborales de la mujer española y las repercusiones que éstas tienen sobre su salud.

En España tenemos una baja tasa de actividad femenina en comparación con la Unión Europea, a niveles comparables a Grecia o Italia, e inferiores a, por ejemplo, Portugal. Hay muy poco trabajo a tiempo parcial, fórmula que se utiliza en la Unión Europea para la conciliación familiar y laboral, independientemente de si es conveniente o no para la salud de las mujeres y para las desigualdades de género.

En España existe una profunda segregación de género, en detrimento de las mujeres. Hombres y mujeres trabajamos en sectores muy diferentes y en puestos de cualificación diferentes, menores entre las mujeres, con mayores dificultades de promoción y precariedad más alta para las mujeres. Además, el trabajo doméstico que suele recaer en su mayoría en la mujeres implica una doble jornada. A esto hay que añadir que el cuidado de las personas dependientes se hace recaer casi en exclusiva en las mujeres.

El conflicto entre las esferas laboral y familiar que afecta a las mujeres, con jornadas laborales interminables, se debe fundamentalmente a que los hombres no se incorporan de forma paralela a las tareas domésticas. Esto acaba repercutiendo negativamente sobre la salud de las mujeres.

Segregación horizontal

Las incorporación de las mujeres al mercado laboral se produce en desigualdad de condiciones. Mujeres y hombres trabajan en diferentes sectores. En el trabajo pagado las mujeres reproducen lo que hacen en el trabajo no pagado. Las mujeres enseñan, cuidan y friegan.

Segregación vertical

El “glass ceiling”, “techo de cristal” o barrera invisible que impide la pronoción de las mujeres a puestos de responsabilidad. Y definitivamente el salario de las mujeres es más bajo que el de lo hombres, aquí y en el resto de la unión Europea

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Imagen Video

Expertos piden en la Universidad de Navarra un cambio cultural para lograr la conciliación familiar y laboral

Link original: http://www.unav.es/noticias/080607-10.html

Lucía Artázcoz, de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, propone más recursos para el cuidado de ancianos, niños y discapacitados

Lucía Artázcoz. Foto: Manuel Castells

Lucía Artázcoz, experta de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, afirmó en la Universidad de Navarra que los problemas para conciliar la vida laboral y familiar provocan en la mujer “trastornos crónicos, peor estado de salud mental y menor número de horas de sueño y ejercicio físico”.

Con motivo de su intervención en el “Seminario permanente sobre conciliación de la vida laboral, personal y familiar” del Instituto de Ciencias para la Familia, señaló que en esta sobrecarga de la mujer, con un coste importante para la salud, influye la posición socioeconómica: “Las mujeres de clase baja financian la conciliación en términos de salud; las de alta, en la renuncia al proyecto de familia”.

Sin embargo, Lucía Artázcoz indicó que las desigualdades no sólo afectan a la mujer: “La división tradicional de la sociedad atribuye a los hombres el papel de sustentadores principales de la unidad familiar y esto en algunas circunstancias también tiene impacto sobre su salud, por ejemplo en situaciones de paro o inestabilidad laboral”.

Respecto a las medidas y políticas que pueden contribuir al freno de esta desigualdad, destacó que “no considera adecuada la medida del trabajo a tiempo parcial sólo para las mujeres, porque perpetúa desigualdades y permite que las mujeres sigan siendo responsables del trabajo de familia”. Para Lucía Artázcoz, licenciada en Medicina por la Universidad de Navarra, “la verdadera solución pasa por un cambio cultural, que tardará mucho tiempo en llegar, y por un aumento de los recursos accesibles para el cuidado de las personas dependientes, sean estas mayores, niños o discapacitados”.

 

Coste familiar, ahorro público

Por su parte, Reyes Calderón, profesora de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, analizó la conciliación laboral en España desde el punto de vista del gasto sanitario. “En nuestro país tenemos menos PIB destinado a sanidad y un gasto per cápita inferior tanto en el ámbito público como en el privado; sin embargo, poseemos una valoración más positiva de nuestra salud que otros países de la Unión Europea ¿Cómo es esto posible?”.

Asimismo, explicó que el cuidado de enfermos, ancianos, o niños, que en un estado de bienestar es responsabilidad del Estado, se lleva a cabo en España en el seno familiar. “Las familias ahorran al Estado miles de euros porque sostienen el bienestar general con sus recursos, fundamentalmente con un altísimo coste para la mujer. Sin que reciban deducciones (que no subvenciones) casi de ningún tipo”. La Ley establece condiciones flexibles para atención a dependientes, pero conciliar la vida familiar y laboral “no es dar una excedencia a la mujer. La conciliación pasa por cambiar el chip: es importante que las políticas de empleo y los procesos de negociación colectiva sean sensibles a estos aspectos. Por eso, las acciones en el ámbito de la empresa no son suficientes; se trata de una cuestión de Estado”.

Instituto de Ciencias para la Familia

Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales

 

Observatoris de Violència

Observaotrio de la Violencia. Instituto de la Mujer. Ministerio de Iguladad

Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género. Consejo General del Poder Judicial

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